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Enfermedad de Lyme

Cándida y Enfermedad de Lyme

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Colonias de Candida en placa de Petri, el hongo que a menudo acompaña a la enfermedad de Lyme

Si tienes Lyme y llevas tiempo con antibióticos, hay bastantes papeletas de que la cándida acabe sumándose al cuadro. A mí me pasó: placas en la boca, faringitis que no se iban nunca, picores, frío constante en manos y pies… y durante mucho tiempo lo atribuí todo al Lyme. No hay estudios que digan cuántos pacientes de Lyme tienen además un sobrecrecimiento de cándida, pero los mecanismos que lo favorecen están bien descritos y es un problema que veo una y otra vez en los grupos de pacientes.

En esta página te cuento cómo sospechar si tienes este problema añadido, qué pruebas pedir y cómo leerlas (con mis propios resultados), qué antifúngicos he probado, qué dice la ciencia de cada uno y qué haría hoy si empezara de cero.

En resumen
  • La cándida es un hongo que todos tenemos. El problema llega cuando crece de más, algo que los antibióticos largos del Lyme facilitan.
  • Sus síntomas se confunden con los del propio Lyme, y las pruebas a menudo salen en el límite o normales. A mí me pasó.
  • Lo que mejor me ha funcionado como punto de partida: diario de síntomas, ajustar la dieta con un nutricionista y buscar un especialista que te guíe.
  • Primero antifúngicos naturales; nistatina o azoles (fluconazol, itraconazol) solo si hace falta y siempre con receta y control médico.
  • Prepárate para el die-off: en mi caso fue casi peor que el herx de los antibióticos.

¿Por qué el Lyme y la cándida suelen ir juntos?

Candida albicans y otras especies de cándida viven de forma normal en la boca, el intestino y la piel sin dar guerra. Se convierten en un problema cuando algo rompe el equilibrio y les deja crecer más de la cuenta. En el Lyme se juntan varias cosas que empujan en esa dirección.

Los antibióticos. El tratamiento del Lyme suele implicar semanas (a veces meses) de doxiciclina, amoxicilina o cefuroxima. Los antibióticos alteran de forma marcada la microbiota intestinal (Antonopoulos et al., 2009), y cuando bajan las bacterias que normalmente mantienen a raya a la cándida, esta tiene vía libre para crecer (Jawhara, 2023). Cuantos más ciclos, más tiempo pasa el intestino desequilibrado.

Un sistema inmune desbordado. Borrelia es experta en esquivar las defensas del cuerpo, y un sistema inmune ocupado durante años con una infección crónica tiene menos margen para controlar a otros microorganismos oportunistas. Es un mecanismo lógico, pero conviene ser honesto: no hay estudios que lo hayan medido directamente en pacientes de Lyme con cándida.

El intestino permeable. Cuando la barrera intestinal se altera, aumenta la inflamación y la sensibilidad a muchos alimentos (Fasano, 2012). En mi análisis de heces de 2019, de hecho, el resultado de permeabilidad intestinal salió «compatible».

Los biofilms. Borrelia es capaz de formar biofilms, una especie de «escudo» de microorganismos que los protege de los antibióticos (Sapi et al., 2012). Algunos autores plantean que cándida y Borrelia podrían compartir biofilms mixtos, lo que ayudaría a explicar por qué algunos pacientes no terminan de mejorar (Tournier et al., 2024). Es una hipótesis, no algo demostrado en humanos, aunque una pequeña serie de casos describió mejoría en pacientes con neuroborreliosis tratados con fluconazol (Schardt, 2004).

Si quieres repasar las bases de la enfermedad, tienes la guía completa sobre la enfermedad de Lyme.

Síntomas: cómo sospechar que la cándida se suma a tu Lyme

Aquí está la gran trampa: casi todos los síntomas de la cándida también pueden ser del Lyme o de alguna coinfección. Por eso es tan fácil que pase desapercibida.

Los síntomas que tuve yo

En mi caso, los que más relaciono con la cándida fueron estos:

  • Boca y garganta: placas blanquecinas, faringitis constantes y, en algunas épocas, sensación de dificultad para respirar.
  • Picores en distintas zonas del cuerpo.
  • Frío en las extremidades, con manos y pies helados, y una desregulación de la temperatura corporal muy marcada.
  • Más sensibilidad a la humedad: los días húmedos me encontraba claramente peor.
  • Alimentos que me sentaban mal o que directamente me provocaban reacciones, como si fueran un pequeño herx.

Si quieres conocer el resto de mi recorrido, te lo cuento en mi historia.

Molestias digestivas, uno de los síntomas de la candidiasis en pacientes con enfermedad de Lyme

Otros síntomas frecuentes

  • Digestivos: hinchazón después de comer, gases, diarrea que alterna con estreñimiento, digestiones pesadas y antojos fuertes de dulce o harinas.
  • Boca y piel: lengua blanquecina, aftas, candidiasis vaginal que se repite (Sobel, 2007), hongos en las uñas, picor anal o irritación en los pliegues.
  • Cabeza y ánimo: niebla mental, cansancio desproporcionado, irritabilidad, dolores de cabeza y sueño de mala calidad.
  • Generales: fatiga que no mejora con el descanso, reacciones de tipo alérgico sin causa clara e intolerancia a olores fuertes o ambientes húmedos.

Para diferenciarlos de los síntomas de la enfermedad de Lyme, hay algunas pistas que a mí me sirvieron: los síntomas aparecen o empeoran tras ciclos de antibióticos, empeoran claramente con azúcar, harinas o fermentados, y se mueven (a peor y luego a mejor) cuando empiezas un antifúngico. Si además hay algo visible, como placas en la boca o candidiasis vaginal, la sospecha es bastante más sólida.

Qué pruebas pedir y cómo leerlas

Lo primero que tienes que saber es que no existe una prueba perfecta para diagnosticar una candidiasis intestinal. Cada prueba aporta una pieza del puzle, y lo normal es combinarlas con tus síntomas. Te enseño las que me he hecho yo y qué me salió en cada una.

Análisis de heces (microbiota o disbiosis)

Mide la cantidad de distintas bacterias y hongos en una muestra de heces. En el apartado de hongos suele aparecer Candida spp. (todas las especies de cándida juntas) y, por separado, Candida albicans.

Mi resultado (2019): Candida spp. salió en 3,6, con un valor de referencia de hasta 3,5. Es decir, justo por encima del límite. Candida albicans, en cambio, salió normal. En el mismo análisis aparecían bajos los lactobacilos y las bifidobacterias, las bacterias «buenas» que compiten con la cándida.

Cómo leerlo: fíjate en las dos líneas de cándida, no solo en la de albicans, porque hay otras especies. Y revisa también las bacterias protectoras: si están bajas, el terreno es favorable para los hongos aunque la cándida salga en el límite. Ten en cuenta que una muestra es una foto de un solo día.

Ácidos orgánicos en orina

Detecta en la orina sustancias que producen los hongos al metabolizar. Los marcadores que se suelen asociar a la cándida son la arabinosa (o arabinitol) y, en menor medida, el ácido tartárico.

Mi resultado (2023): arabinosa en 21,13 (referencia hasta 25), arabinitol en 36,3 (referencia hasta 50) y ácido tartárico en 0,59 (referencia hasta 5). Todo dentro de rango, aunque la arabinosa bastante cerca del límite. Y sin embargo yo seguía con síntomas.

Cómo leerlo: un valor en la parte alta del rango, junto con síntomas compatibles, es una pista más que un diagnóstico. Esta prueba me ha resultado más útil para comparar cómo evolucionan los marcadores con el tiempo que para confirmar o descartar nada de golpe.

Micotoxinas en orina

Mide toxinas de mohos (aflatoxinas, ocratoxina A, zearalenona, deoxinivalenol…), que vienen de la humedad en casa o de alimentos contaminados. No mide la cándida, que es otra cosa, pero sirve para descartar que el problema sea de moho, algo importante si, como yo, notas que la humedad te sienta fatal.

Mi resultado (2021): todas las micotoxinas por debajo del límite. Eso me ayudó a centrar la sospecha en la cándida y no en una exposición a moho.

Análisis de sangre y pruebas directas

Existen anticuerpos frente a cándida (IgG, IgA, IgM) y la prueba del antígeno manano, aunque esta última está pensada sobre todo para candidiasis graves en el hospital. Si tienes placas visibles en la boca, garganta o zona genital, tu médico puede tomar una muestra y cultivarla: es la forma más directa de confirmarlo en esas zonas.

¿Y si todo sale «normal»?

Es mi caso: tres pruebas distintas en el límite o normales y, aun así, síntomas muy claros que mejoraban y empeoraban con los antifúngicos y con la dieta. Por eso insisto tanto en el diario de síntomas y en un especialista que valore el conjunto. Hay cuestionarios de síntomas como el de Crook (1983) que pueden orientarte, pero no están validados científicamente: úsalos como guía, no como diagnóstico.

Tratamiento: lo que he probado y lo que dice la ciencia

He probado prácticamente de todo, desde antifúngicos naturales hasta fármacos. Entre los naturales: aceite de orégano, alicina, berberina, ácido caprílico, Pau d'Arco, NAC, ácido undecilénico, monolaurina, extracto de semilla de pomelo, hoja de olivo, Kolorex y Canxida. Entre los fármacos: nistatina, fluconazol e itraconazol. Y varios probióticos, incluido Saccharomyces boulardii.

No hay dos casos iguales y nada de lo que te cuento «cura» la cándida. Lo que sí puedo hacer es contarte qué respaldo científico tiene cada opción, para que lo hables con tu médico con más información. Para el tratamiento del Lyme en sí, tienes la guía de tratamiento de la enfermedad de Lyme.

Antifúngicos naturales

Aceite de orégano. Sus compuestos principales (carvacrol y timol) frenan el crecimiento de Candida albicans en laboratorio (Manohar et al., 2001). Curiosamente, el aceite de orégano también mostró actividad frente a Borrelia en estudios de laboratorio (Feng et al., 2017). No hay ensayos clínicos sólidos en personas con candidiasis intestinal.

Ácido caprílico. Es un ácido graso presente en el coco que daña la membrana de la cándida y la elimina en laboratorio (Bergsson et al., 2001). Suele tomarse con las comidas.

Berberina. Inhibe la formación de biofilms de cándida en laboratorio (Biotechnology Letters, 2020). Ojo: interactúa con muchos medicamentos porque afecta a las enzimas del hígado que los procesan, así que coméntalo con tu médico si estás con antibióticos.

Ajo (alicina). La alicina tiene actividad antifúngica demostrada en laboratorio (Ankri y Mirelman, 1999) y provoca la muerte celular de Candida albicans (Lemar et al., 2005). Es mejor un extracto estandarizado que el ajo crudo si buscas un efecto concreto.

NAC (N-acetilcisteína). Además de ser antioxidante y precursora del glutatión, frena el crecimiento de la cándida dentro de los biofilms en estudios de laboratorio (Nunes et al., 2020).

Corteza de Pau d'Arco (Tabebuia impetiginosa), antifúngico natural usado contra la cándida

Pau d'Arco. La corteza de este árbol amazónico contiene lapachol y otras sustancias con actividad antimicrobiana (Gómez Castellanos et al., 2009). La evidencia en personas es muy limitada.

El resto de los que he probado (ácido undecilénico, monolaurina, semilla de pomelo, hoja de olivo, Kolorex, Canxida) tienen poca o ninguna evidencia clínica sólida, así que no te puedo decir que funcionen más allá de mi propia experiencia de ensayo y error.

Probióticos para recuperar la microbiota intestinal tras los antibióticos del Lyme

Probióticos y Saccharomyces boulardii

Aquí hay que ser honestos con la evidencia. Un ensayo clínico bien hecho comprobó que tomar lactobacilos durante y después de un antibiótico no evitó la candidiasis vaginal (Pirotta et al., 2004). Eso no quiere decir que los probióticos no sirvan para recuperar la microbiota, pero no esperes que por sí solos frenen la cándida.

Saccharomyces boulardii es una levadura «buena» que en estudios con animales redujo la colonización intestinal por cándida y la inflamación (Jawhara y Poulain, 2007). Un detalle práctico importante: como es una levadura, los antifúngicos también la eliminan. Si tomas las dos cosas, sepáralas bien en el tiempo o consúltalo con tu médico.

Antifúngicos farmacológicos

Nistatina. Apenas se absorbe, así que actúa en la boca y el intestino con muy pocos efectos en el resto del cuerpo. Es la opción farmacológica más suave para la cándida intestinal y la que suele probarse primero (Pappas et al., 2016).

Fluconazol. Se absorbe y llega a todo el cuerpo. Es el antifúngico de referencia para la candidiasis de boca, esófago y vaginal (Pappas et al., 2016). Necesita control del hígado y tiene interacciones con otros fármacos.

Itraconazol. Cubre más especies de cándida que el fluconazol, incluidas algunas resistentes (Rex et al., 2000), pero tiene más interacciones y no se recomienda en personas con insuficiencia cardiaca.

Los tres los he tomado, siempre con receta. No los veo como un primer paso, sino como el recurso para cuando lo natural no es suficiente.

Tabla resumen de antifúngicos y suplementos

Las dosis son solo orientativas: son las horquillas habituales en los suplementos o en las guías clínicas. Manda siempre lo que te diga tu médico y lo que indique el fabricante de tu producto concreto.

OpciónTipoEvidencia frente a cándidaDosis orientativaPrecauciones
Aceite de oréganoNaturalLaboratorio200–600 mg/día de extracto estandarizadoMolestias digestivas. Evitar en embarazo.
Ácido caprílicoNaturalLaboratorio1–2 g/día repartidos con las comidasMolestias digestivas al inicio.
BerberinaNaturalLaboratorio500–1.500 mg/día repartidosMuchas interacciones con fármacos. Puede bajar la glucosa. Evitar en embarazo.
Alicina (ajo)NaturalLaboratorioSegún fabricante (varía mucho entre extractos)Precaución con anticoagulantes.
NACNaturalLaboratorio600–1.800 mg/díaMolestias digestivas. Consultar si tomas otros fármacos.
Pau d'ArcoNaturalLaboratorio (escasa)Según fabricantePuede afectar a la coagulación. Evitar con anticoagulantes y en embarazo.
S. boulardiiProbióticoAnimales250–1.000 mg/díaSeparar de los antifúngicos. Evitar si hay inmunodepresión grave o catéter venoso.
NistatinaFármaco (receta)Guías clínicas500.000–1.000.000 UI, 3 veces al díaBien tolerada. Puede dar náuseas o diarrea.
FluconazolFármaco (receta)Guías clínicas100–200 mg/día, 7–14 días (candidiasis oral)Control del hígado. Interacciones.
ItraconazolFármaco (receta)Guías clínicas200 mg/díaControl del hígado. Muchas interacciones. No en insuficiencia cardiaca.

El die-off de la cándida: por qué puede ser peor que el herx del Lyme

Cuando empiezas a eliminar cándida, muchas personas notan un empeoramiento temporal de los síntomas, el llamado die-off. En mi caso fue muy, muy fuerte: casi peor que el herx que tuve con los antibióticos para el Lyme. Fatiga, malestar general y todos mis síntomas habituales disparados durante días.

A eso súmale que, mientras tienes la cándida descontrolada, hay muchos alimentos que te van a sentar mal o con los que vas a reaccionar. Es fácil acabar sin saber si lo que notas es el die-off, la comida o el propio Lyme. Lo que a mí me ayudó:

  • Empezar con dosis bajas de cada antifúngico y subir poco a poco.
  • Introducir un producto cada vez, para saber qué te está provocando qué.
  • Usar captadores como el carbón activado o la bentonita, separados al menos dos horas del resto de suplementos y medicamentos.
  • Hidratarme bien y descansar esos días.

Un empeoramiento no siempre significa que el tratamiento esté funcionando. Si la reacción es muy intensa o no cede, para y consúltalo con tu médico. Tienes más estrategias en la página de detox y reacción de Herxheimer.

Mi plan paso a paso si sospechas cándida

Si hoy empezara de cero, este es el orden que seguiría:

  1. Lleva un diario de síntomas durante 2–4 semanas. Anota cada día qué comes, cómo están tu boca y tu digestión, tu energía, la temperatura de manos y pies, el tiempo que hace (humedad), los suplementos y dosis que tomas y cualquier reacción.
  2. Haz ensayo-error con la comida. Identifica qué alimentos te sientan peor y ajusta la dieta con un nutricionista, para no acabar con una dieta tan restrictiva que te deje sin nutrientes.
  3. Busca un especialista que te guíe. Idealmente alguien con experiencia en Lyme y en salud digestiva. Tienes algunos en la página de clínicas y médicos especializados en Lyme.
  4. Hazte las pruebas pertinentes: análisis de heces y ácidos orgánicos en orina como base, y micotoxinas si sospechas de la humedad o el moho. Sabiendo de antemano que pueden salir en el límite.
  5. Empieza por los antifúngicos naturales, de uno en uno y con dosis bajas, y coordínalo con tu médico si estás con antibióticos para el Lyme.
  6. Si no es suficiente, nistatina; y en el peor de los casos, azoles (fluconazol o itraconazol), siempre con receta y analíticas de control del hígado.
  7. Haz seguimiento. Revisa el diario, repite las pruebas al cabo de unos meses y ajusta con tu médico.

Ten paciencia: esto va de meses, no de semanas. Y la parte emocional también pesa; si te ayuda, te dejo la página sobre cómo afrontar la enfermedad de Lyme.

Dieta: lo básico

Alimentos de la dieta antifúngica o dieta anticándida para pacientes de Lyme

La llamada «dieta anticándida» consiste en reducir el azúcar, las harinas refinadas y el alcohol, y en vigilar los fermentados y los alimentos con levadura si ves que te sientan mal. No hay ensayos clínicos de calidad que la respalden, pero a muchos pacientes (yo incluido) nos ayuda a entender qué nos sienta peor.

Algunos alimentos con cierta actividad antifúngica son el ajo, el aceite de coco o la cúrcuma (Martins et al., 2009), aunque en la cocina están lejos de las dosis de los estudios. Para no repetir lo mismo aquí, todo lo relacionado con la alimentación lo tienes en la página de dieta y alimentación con enfermedad de Lyme. Y si también sospechas de parásitos, échale un ojo a parásitos y enfermedad de Lyme.

Preguntas frecuentes

¿El Lyme puede causar candidiasis?

No directamente, pero lo pone fácil. Los antibióticos largos alteran la microbiota y el sistema inmune está ocupado con la infección, así que la cándida tiene más oportunidades de crecer más de la cuenta.

¿Cómo sé si tengo hongos además de Lyme?

Combinando síntomas y pruebas. Pistas: síntomas que empeoran tras antibióticos o con azúcar y fermentados, placas en la boca o candidiasis vaginal repetida. Las pruebas (heces, ácidos orgánicos en orina) ayudan, pero pueden salir en el límite, como me pasó a mí.

¿Qué antifúngico es mejor si tengo Lyme?

No hay uno mejor para todo el mundo. Lo habitual es empezar por antifúngicos naturales y dieta, pasar a nistatina si no basta y dejar fluconazol o itraconazol para casos más resistentes, siempre con supervisión médica.

¿Puedo tomar antifúngicos a la vez que los antibióticos del Lyme?

Muchas veces sí, pero hay interacciones importantes (por ejemplo, con la berberina o los azoles), así que debe decidirlo tu médico. La nistatina, al apenas absorberse, es la que menos problemas suele dar en combinación.

¿Cuánto dura el die-off de la cándida?

Depende de la persona y de la dosis: puede durar desde unos días hasta un par de semanas. Empezar con dosis bajas ayuda a que sea más llevadero. Si es muy intenso o no mejora, consulta con tu médico.

¿La cándida se cura?

Prefiero no hablar de curas: no hay dos casos iguales y las recaídas son frecuentes, sobre todo si vuelves a necesitar antibióticos. Lo realista es controlarla y recuperar el equilibrio del intestino.

Referencias bibliográficas

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Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y no sustituye una valoración médica individualizada. Ningún tratamiento —incluidos los antibióticos convencionales y las terapias alternativas que se puedan mencionar— debería iniciarse, suspenderse o modificarse sin la supervisión de un profesional sanitario cualificado.