La alicina es el principal compuesto activo del ajo (Allium sativum). No está presente como tal en el ajo intacto: se forma cuando se machaca o se corta el diente de ajo, momento en que una enzima (alinasa) transforma un precursor (aliína) en alicina. Es un compuesto inestable, de olor característico, al que se atribuye gran parte de la actividad antimicrobiana del ajo.
Uso en la enfermedad de Lyme y sus coinfecciones
El ajo y sus extractos ricos en alicina aparecen con frecuencia en protocolos de fitoterapia para el Lyme, sobre todo asociados al manejo de Babesia, una coinfección transmitida por la misma garrapata. Algunos protocolos herbales conocidos, como el de Stephen Buhner, incluyen el ajo entre las opciones de apoyo antiparasitario. También se han evaluado extractos de ajo en estudios de laboratorio frente a formas persistentes de Borrelia burgdorferi, con resultados preliminares que apuntan a cierta actividad, aunque no hay ensayos clínicos en personas que confirmen un beneficio equivalente al de los antibióticos convencionales.
En la práctica, la alicina se usa casi siempre como complemento dentro de un protocolo más amplio, no como tratamiento único, y su dosis y estabilidad son difíciles de estandarizar porque se degrada con rapidez.
Precauciones
El ajo y la alicina tienen un efecto antiagregante plaquetario conocido, por lo que su uso en dosis altas o como suplemento concentrado requiere precaución en personas que toman anticoagulantes o antiagregantes, o antes de una cirugía. También puede causar molestias digestivas (ardor, reflujo) en dosis elevadas.