Las biotoxinas son sustancias tóxicas producidas por organismos vivos —bacterias, mohos, algas u otros microorganismos— capaces de provocar efectos nocivos en quien las inhala, ingiere o entra en contacto con ellas. A diferencia de las toxinas sintéticas o químicas, su origen es exclusivamente biológico.
Relación con el Lyme y sus coinfecciones
En el contexto del Lyme crónico o persistente, el término biotoxina se asocia sobre todo a la teoría del síndrome de respuesta inflamatoria crónica (CIRS, por sus siglas en inglés), propuesta por el médico estadounidense Ritchie Shoemaker. Según esta hipótesis, algunas personas con determinados haplotipos HLA tendrían dificultad genética para eliminar biotoxinas procedentes de mohos, de Borrelia y de otros microorganismos, lo que perpetuaría una inflamación crónica de bajo grado.
Los síntomas descritos para el CIRS —fatiga persistente, niebla mental, dolores musculares y articulares, sensibilidad a la luz— se solapan en gran medida con los del Lyme persistente, lo que lleva a algunos pacientes y clínicos a valorar también una posible exposición a moho en el domicilio o el lugar de trabajo cuando el tratamiento del Lyme no resuelve todos los síntomas.
Precauciones
El marco del CIRS no forma parte de las guías médicas convencionales y algunas de sus pruebas diagnósticas (como el test de contraste visual, VCS) y protocolos de tratamiento carecen de suficiente respaldo científico. Cualquier valoración de exposición a moho o biotoxinas debe hacerse con un profesional médico, evitando protocolos no supervisados que retrasen el tratamiento específico del Lyme.