Un biomarcador es una molécula, gen o característica biológica que se puede medir de forma objetiva y que refleja un proceso normal, un proceso patológico o la respuesta del organismo a un tratamiento. En medicina se emplean para apoyar el diagnóstico, evaluar la actividad de una enfermedad o comprobar si una terapia está funcionando, siempre como complemento y nunca como sustituto de la valoración clínica.
Relación con el Lyme y sus coinfecciones
El diagnóstico de la enfermedad de Lyme se apoya sobre todo en pruebas serológicas (ELISA y Western blot), que detectan anticuerpos frente a Borrelia pero tienen limitaciones conocidas: pueden dar falsos negativos en las primeras semanas de infección (ventana serológica) y no siempre distinguen entre una infección activa y una ya resuelta. Por eso se han investigado otros biomarcadores que aporten información complementaria.
Entre los más estudiados están la quimiocina CXCL13, elevada en el líquido cefalorraquídeo de personas con neuroborreliosis y utilizada en algunos estudios como apoyo diagnóstico; el fragmento del complemento C4a; y distintos perfiles de citocinas proinflamatorias. También circula la idea, extendida en la práctica de algunos médicos especializados en Lyme, de usar el porcentaje de linfocitos NK CD57+ como marcador de enfermedad crónica, aunque este uso no está reconocido por las guías médicas oficiales (IDSA, ILADS) ni respaldado por evidencia sólida.
En la práctica, ningún biomarcador aislado confirma ni descarta hoy la enfermedad de Lyme por sí solo: el diagnóstico sigue basándose en la combinación de historia clínica, exposición a garrapatas, síntomas y pruebas serológicas.