Bacteriostático y bactericida son dos formas de clasificar los antibióticos según su mecanismo de acción frente a las bacterias. Un antibiótico bacteriostático inhibe el crecimiento y la reproducción bacteriana sin llegar a matarla directamente, de modo que es el propio sistema inmunitario el que se encarga de eliminar la infección una vez detenida su multiplicación. Un antibiótico bactericida, en cambio, mata activamente a las bacterias, habitualmente al dañar su pared celular o su membrana.
Relación con el Lyme
En el tratamiento de la enfermedad de Lyme conviven fármacos de ambos tipos. La doxiciclina, el antibiótico de primera línea en la fase temprana, se comporta como bacteriostática frente a Borrelia burgdorferi a las dosis habituales, aunque a concentraciones más altas puede tener cierto efecto bactericida. Los antibióticos betalactámicos, como la amoxicilina o la ceftriaxona, son bactericidas porque interfieren en la síntesis de la pared celular bacteriana, un mecanismo que solo resulta eficaz si la bacteria se encuentra en fase activa de crecimiento y división.
Esta distinción es relevante en los protocolos de tratamiento combinado que emplean algunos médicos especializados en Lyme, ya que, en teoría, un fármaco bacteriostático que frena la multiplicación bacteriana podría reducir la eficacia de un bactericida que necesita bacterias en división activa para actuar. Por eso la elección y combinación de antibióticos —y el orden en que se introducen— es un aspecto que se valora con cuidado en los planes de tratamiento personalizados.